El Salón Nacional del Arte de la Acuarela, bautizado en honor al acuarelista valdiviano Ricardo Anwandter von Salis-Soglio, fue creado por el Directorio del Centro Cultural El Austral de Valdivia en 1994.
Álex Anwandter, músico y director de cine nacional, recibió un importante premio por su película «Nunca vas a estar solo» en el Festival Internacional de Cine de Seattle, que se desarrollo entre el 19 de mayo y 12 de junio.
Anwandter fue galardonado por el estricto jurado compuesto por Claudia Landsberger (BaseWorx For Film), Raymond Phathanavirangoon (Southeast Asia Fiction Film Lab), y Sam Lansky (Time Magazine), como la mejor producción iberoamericana, ya que les llamó la atención la creativa narración de la cinta, los llamativos personajes llenos de matices y la conciencia social que convierten al artista en uno de los más destacados de la escena local.
«Nunca Vas a Estar» fue producida por Isabel Orellana Guarello junto a «Araucaria Cine» y «5AM» y relata la historia de Juan, personaje interpretado por el actor Sergio Hernández, trabajador de una distribuidora de maniquíes y padre, que debe enfrentar el violento ataque que recibe su hijo debido a su orientación sexual.
Por esta cinta el chileno ha recibido otros reconocimientos, como su galardonada participación en la pasada Berlinale, donde recibió el Premio Especial «Teddy» del Jurado.
Debut de Alex Anwandter como cineasta

El Team Coaching es un excelente modelo de intervención para que los equipos desarrollen competencias de alto desempeño y a su vez logren resultados tangibles. Sin embargo su enfoque sistémico y el uso de herramientas especializadas implican un entrenamiento específico complementario a la formación como coach individual.
La Dirección Museológica de la Universidad Austral de Chile, realizó la conmemoración de los 150 años de la Casa Andwanter, que en la actualidad es uno de los tres museos que alberga el Campus Cultural
Alex Awandter formó la banda Teleradio Donoso, junto a Martín del Real y Juan Pablo Wassaf.
Publicaciones: Paul Awandter
Andrés Anwandter es premiado con el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven es un galardón literario anual otorgado por la Fundación Pablo Neruda.
Poeta perteneciente a la generación más joven de autores chilenos. Estudió psicología en la Universidad Católica, área a la que se dedica en la actualidad, paralelamente a la literatura. Andrés Anwandter ha escrito tres libros de poesía: El Árbol del Lenguaje en Otoño (1996), Especies Intencionales (2001) y Square Poems (2002). Todos ellos, aunque de modo distinto, se caracterizan por experimentar con el lenguaje: la tematización de la propia creación poética, el uso de la intertextualidad, y el juego con la disposición de las palabras en el poema, son ejemplos de ello. Además, su obra aborda temas relacionados con los paisajes del sur de Chile y con el acontecer político, entre otros. Andrés Anwandter ha obtendio premios como el primer lugar en el Concurso de Poesía de la Feuc y el Premio Municipal de Poesía.
Cristóbal Anwandter nació en Santiago de Chile en 1980.
Desde pequeño tuvo afinidad con las artes lo que lo llevó en 1998 a comenzar sus estudios formales, vinculándose con diversos pintores del área figurativa-académica con la intención de alcanzar una formación completa e integradora, complementándola con cursos de figura humana avanzada y filosofía.
En el 2001 viaja a Ciudad de México donde intercambia experiencias con pintores mexicanos, compartiendo inquietudes en torno al arte figurativo latinoamericano y exponiendo finalmente en una muestra binacional.
El mismo año gana el primer lugar del concurso “re crea arte” de la fundación Amigos del Arte. El 2002 obtiene la beca de Amigos del Arte, convirtiéndose en el artista más joven en recibir esta beca.
Actualmente trabaja con la galería A.M.S Marlborough en donde ha expuesto individualmente el 2004, 2006 y en el 2007 junto a otros dos pintores.
Paralelamente ha participado de varias exposiciones colectivas de las cuales algunas han sido en conjunto a destacados artistas nacionales.
Nació en Valdivia en 1974. Estudió psicología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y actualmente trabaja en temas relacionados con dicha especialidad. Ha sido monitor del ‘Taller de Lectura de Poesía Hispanoamericana’ dirigido por Jorge Gissi en la Universidad Católica y es director de la Revista Humo, junto a Alejandro Zambra. En 1993 fue becario de la Fundación Neruda y en 1995 obtuvo el primer lugar en el Concurso de Poesía de la Feuc. En 2002 recibió el Premio Municipal de Poesía por Especies Intencionales, su segundo libro.
Anwandter destaca como una de las figuras más interesantes de su generación. Productor de una obra disímil, experimental y profundamente rigurosa, el autor rastrea las posibilidades del lenguaje a través de una escritura que supone y evidencia tanto su propia elaboración, como sucede en su primer libro (El árbol del lenguaje en otoño, 1996), como las influencias, lecturas y experiencias que desencadenan en poemas, como sucede en el segundo.
Ambos textos sumados a su último trabajo, Square Poems, funcionan como una suerte de investigación sobre el lenguaje: corte y repetición de experiencias, experimentación con imágenes, sonidos y palabras dispuestas sobre el papel desde distintas perspectivas. En este escenario el hablante zanja la distancia entre el mundo de cosas con las que juega, de las que habla y con las que experimenta, y el mundo desde el cual enuncia, es decir forma y fondo.
El trabajo de Anwandter tiene además la condición de introducir en esas formas unidades temáticas que se cruzan con temas como el concepto de nación, los paisajes del sur de Chile, la contingencia política. Estos discursos se mezclan con otros: las lecturas del poeta, el diálogo de disciplinas y la cuestión –hecha texto- sobre la posible cientificidad de la poesía o bien la afirmación de que ésta puede ser una suerte de rumor controvertido, como el de los mosquitos, sobre toda la comunidad de lectores.
Pintor acuarelista. Nació en Valdivia, Chile, el 15 de noviembre de 1919 y murió en la misma ciudad el 14 de noviembre de 1993.
Artista precoz, comenzó a pintar a los doce años. No realizó estudios formales de arte, ni tuvo maestros que ejercieran influencia en su actividad artística.
Fue contemporáneo de la llamada Generación del Cuarenta y en muchas oportunidades expuso sus obras junto a los acuarelistas pertenecientes a este grupo, tales como Israel Roa, Hardy Wistuba y Fernando Morales Jordán.
En 1994 fue creado el Salón Nacional del Arte del Acuarela Ricardo Anwandter, evento que se realiza en el Centro Cultural El Austral de Valdivia, Chile, como estímulo y para contribuir a la difusión de esta tradicional técnica de las artes plásticas.
Fundación
El 1ro de Octubre de 1858, fue fundada por Carlos Awandter (su primer director desde 1876 a 1909), con el apoyo de rodolfo Utheman, Germán Ebner, Gillermo Kindermann y el Dr. Germán Hantelmann.
Inicialmente habían 48 alumnos, mayoritariamente hijos de colonos.
Historia de Calidad Académica y Humana
Pocos años después del asentamiento de las primeras familias que llegaron desde Alemania, una de las necesidades más importantes de los colonos fue establecer un colegio que facilitara a los niños integrarse a la comunidad valdiviana, desarrollar todas sus capacidades a través de un sistema de educación disciplinado, donde primara la excelencia académica, y sobre todo, generar instancias de convivencia que permitiera transmitir lo más valioso de su tradición original. Así, en las primeras aulas del colegio, fundado en 1858, junto a los juegos, canciones y risas infantiles, se fundieron lo mejor de dos culturas que comenzaban a conocerse.
Con el paso de los años, el Instituto Alemán se transformaría en un símbolo de tradición, pero también en un bastión del progreso y la modernidad que le imprimirían los colonos a las tierras del sur del país.
Hoy, es también uno de los establecimientos de mayor prestigio a nivel nacional, alcanzando lugares destacados en los ranking de calidad pedagógica en todo el país, ello porque su labor se basa en el currículum lectivo de Chile y en las directrices oficiales del gobierno de Alemania para los colegios alemanes que subvenciona en el extranjero mediante la asignación de docentes expertos y aportes financieros. De este modo, nuestros estudiantes adquieren conocimientos y habilidades inmersos en un ambiente bicultural que los inserta con éxito en la sociedad globalizada del siglo XXI.
A su equipo de profesores que se perfeccionan periódicamente, cuatro de ellos provenientes de Alemania, y elevado compromiso de los apoderados con la tarea que desarrolla el Instituto Alemán, se suma una infraestructura de primer nivel en un amplio predio que alberga pabellones docentes adecuadamente equipados, dos salas de computación y una biblioteca, junto con dos áreas de juegos infantiles, dos gimnasios y una pista sintética de atletismo.
En la educación bicultural está la base formativa de nuestros estudiantes, de allí la preocupación por impartir el idioma alemán e inglés, que permiten que nuestros jóvenes rindan tanto los exámenes alemanes Deutsches Sprachdiplom I y II, que equivalen a los niveles B1 y C1 de las referencias europeas, como los exámenes de Inglés PET y First Certificate. Asimismo, a fines de II Medio, los alumnos tienen la oportunidad de realizar intercambio escolar con sus pares de Alemania durante tres meses y conocen el país en una gira conjunta de dos semanas.
Fuente: dsvaldivia.cl
En 1853 nacía el Club Alemán, la Compañía de Bomberos voluntarios, el cementerio laico, una biblioteca, entre otras instituciones, pero don Carlos dedicó sus mayores esfuerzos para fundar una escuela que difundiera su cultura.
Creada en 1851 por Karl Anwandter, de profesión farmacéutico, a un año de su arribo a Valdivia a bordo del Herrmann, encabezando el primer grupo escogido de inmigrantes alemanes que comenzó a llegar al país en respuesta a la política de inmigración elaborada por Vicente Pérez Rosales.
En 1855, la empresa familiar le permitía ya abastecer a sus compatriotas con cerveza en cajas de 12 botellas.
A la fecha de su creación había en el país sólo dos cervecerías de cierto nivel: la del Irlandés Andrés Blest, en Valparaíso, creada en 1825, que al pasar a manos de Joaquín Plagemann, En 1849, será modernizada y ampliada, y la del Argentino Vicente Moreno, que no lograra consolidarse.
La mayor parte de la cerveza que se consumía en el país era importada.
En 1862, al establecerse la primera línea de vapores entre los puertos de Corral y Valparaíso, la Cervecería Anwandter traspasará los límites regionales, lo que le permitirá, entre otras cosas establecer dos plantas embotelladoras en Santiago y Valparaíso.
Hacia mediados de 1870, la producción de la empresa Anwandter alcanzaba a 1.440.000 litros anuales, proporcionando empleo a 54 trabajadores.
Por esa fecha, el número de cervecerías que operaban en el país llegaba a más de 50, la mayoría de carácter artesanal. En Valdivia surgen las fábricas Roepke, Hafner y Eimbcke, bastante más pequeñas que la de Anwandter.
La calidad de la cerveza valdiviana le permite a Anwandter obtener en 1869 el Primer Premio en la Exposición de Agricultura de Santiago, y en 1875, el Primer Premio en la Exposición Internacional de Santiago.
En 1853, la Cervecería Anwandter se constituye en la «Sociedad Anwandter Hermanos», lo que, al aumentar su capital, le permite entrar en una etapa de modernización y expansión de sus instalaciones. De 1886 datan ya los primeros edificios de cierta altura en las instalaciones de la Isla Teja.
Hacia esos años, la Cervecería Anwandter, en Valdivia, y la de Plagemann, en Valparaíso, son las más importantes del país.
En Julio de 1889 muere Carlos Anwandter y los hijos asumen la dirección de la empresa. Como resultado de su gestión, hacia 1898 la fábrica exhibía edificios e instalaciones nuevas donde ya trabajaban alrededor de 300 operarios con moderna maquinaria.
En 1894 la producción de la fábrica Anwandter alcanzaba a los 12.000.000 de litros al año, de los cuales el 60% era colocado en los mercados nacionales -el norte salitrero y la zona central- y un buen porcentaje del resto se exportaba.
En 1905 la empresa vuelve a cambiar de razón comercial y pasa a denominarse «Compañía Cervecera de Valdivia», en momentos en que el mercado cervecero nacional comenzaba a adquirir una gran dinámica. De esa fecha data la fusión de la fábrica de cerveza y hielo de Augusto Gubler, la fábrica de botellas de Carlos Cousiño, de Lota, y la Fábrica Nacional de Cerveza de Limache, dando origen a la Compañía Cervecerías Unidas, CCU.
En 1912 gran parte de sus instalaciones son devastadas por un incendio.
Después de la reconstrucción de los edificios -que son los que aparecen en la mayoría de las fotografías tomadas de Valdivia- y a pesar de la pesada carga financiera que eso le significó a la empresa, esta producía (en 1914) ya más de 25.000.000 de litros anuales, para cuya elaboración requería cerca de 85.000 quintales métricos de cebada.
La fábrica de la Isla Teja contaba con tres cuerpos de edificios y con un equipamiento semejante al de las fábricas europeas de la época. Poseía 9 bodegas subterráneas que
ocupaban un área de 5.000 m2 con capacidad para almacenar 6 millones de litros de cervezas. Tan solo la maltería ocupaba un edificio de 5 pisos.
Además de máquinas y calderos de vapor, la cervecería poseía 3 generadores para alimentar, entre otras cosas, un enorme frigorífico ubicado en el subsuelo, en cuyas ruinas (la actual zanja abierta) aún se pueden observar las dos técnicas de aislación utilizadas: el doble muro y los bloques de corcho prensado entre ladrillo y estuco. Contaba además con grandes silos metálicos para conservar la cebada y la malta -que disponían de un sistema automático de movimiento- y con un dispositivo neumático para transportar la malta, a lo largo de 800 mts., desde la maltería hasta los calderos de movimiento.
Igualmente, la industria disponía de un taller de mestranza, una tonelería y dos depósitos para embotellar hasta 5.000 litros diarios cada uno.
En 1916 la familia Anwandter accede a vender su empresa a la CCU, que logra mantener funcionando la fábrica hasta 1960, año en que el terremoto destruye gran parte de las instalaciones. Este hecho, sumado a la aguda depresión en que cayó la ciudad de Valdivia a partir de ese momento, probablemente obligó a la CCU a cerrar esta industria, orgullo para la ciudad y el país. Años después, la empresa donó los terrenos de su ex-cervecería a la Universidad Austral de Chile.
La tradición de la Cerveza Valdiviana, tiene su origen en la Cervecería Anwandter, fundada en 1851 por Karl August Wilhelm Paschen Anwandter Fick (1801-1889). En su casa particular comienza a producir cerveza en forma artesanal para el consumo familiar. Según el relato de RichardAnwandter, fue debido al deseo de su madre, quien anhelaba probar una cerveza, la bebida favorita de los alemanes, aquella que rememoraba vivamente su patria -su hogar abandonado- sentía verdadera nostalgia por la cerveza nacional. Esto motiva a su esposo, Carlos Anwandter a elaborar una cerveza totalmente artesanal para el consumo doméstico. Anwandter tenía gran conocimiento farmacéuticos y había estudiado el arte de la fabricación de la cerveza en 1829, y que sumados a su participación en Alemania de la Comisión Cervecera de Caleu, y apoyándose en la pequeña fortuna que había traído desde Alemania, se pone mano a la obra utilizando los más rudimentarios y caseros recipientes y aparatos. Fabricó la primera cerveza de Valdivia, sin imaginarse que éso sería el punto inicial de una gran industria y reconocida celebridad de la marca Anwandter. Al inicio produce 18 botellas al mes, suficiente para el consumo personal en el hogar de los esposos Anwandter.
Esta primera cerveza fue un gran acontecimiento en la ciudad. Anwandter, primero invitó especialmente a sus amigos colonos -al igual que Él- a hacer un brindis por la patria lejana y siempre presente –por la Vaterland. “En medio del natural egocijo producido, sus amigos incitaron a don Carlos para que siguiera produciéndola. Así lo hizo el hidalgo alemán, y pudo sucesivamente satisfacer el deseo de todos sus compañeros de destierro y de trabajo. Se recuerda todavía que en aquellos primeros tiempos, los propios hijos de don Carlos repartían a los abonados la cerveza en cajones de 21 botellas, y es original observar que le costumbre de usar los cajones así dispuestos ha sido conservada religiosamente por sus descendientes, como si en ello se complacieran en respetar el mandato sagrado del que llena sus grandes afectos, del primer Anwandter”. Así es como se ccomienza a promover su delicioso brebaje entre los miembros de la naciente colonia alemana radicada en Valdivia. Anwandter y sus hijos, empezaron a producir cerveza para el comercio, y ofrecerlos de casa en casa –la estrategia puerta a puerta- recorriendo la ciudad en una carreta tirada por caballos (Bierwagen). En 1855 aparece el pack o cajita con 21 botellas de cerveza.
Anwandter Bock
Más tarde se importan desde Alemania diversos equipos, permitiendo aumentar la capacidad de producción. En el año 1858, Carlos Anwandter, les entregó el pequeño negocio a sus hijos Germán y Ricardo que ya contaban con la patente de Maestros Cerveceros del Reino de Baviera (su hijo mayor tenía 32 años, Wilhelm, 24 y el menor Georg 17). Bajo la nueva dirección, la cervecería entró en una nueva fase de desarrollo que se caracterizó por la utilización de maquinarias y la apertura de nuevos mercados. Esta apertura surge tras el establecimiento de la primera línea de maquinarias a vapor en el proceso productivo de la cervecería y que, sumado al creciente cabotaje entre los puertos de Corral y Valparaíso, se consolida el tráfico marítimo regular entre Valdivia y Valparaíso en 1862. Esto posibilitó incursionar en los mercados del centro y después del Norte de Chile.
Los hermanos Anwandter construyeron nuevas instalaciones, como por ejemplo unas enormes bodegas para el almacenamiento de cebada y comenzaron a utilizar un motor a vapor en la línea de producción. Como consecuencia de esta primera expansión, la empresa instaló oficinas de ventas en Valparaíso, Concepción y Santiago, así como numerosos depósitos y agencias con representantes locales de la Cervecería Anwandter en los distintos puertos de las provincias del Norte.
En el año 1873 los hermanos Anwandter transformaron su empresa en una Sociedad Anónima familiar, a la que denominaron “Anwandter Hermanos”, que contaba con un capital de giro de 50.000 pesos. En los años 1874 y 1882 se concretaron dos nuevas ampliaciones en la fábrica a la cual se incorporaron modernas maquinarias importadas desde Alemania. Entre estas se contaban dos máquinas a vapor -50 y 15 HP, respectivamente. En la década de 1890, se instalaron además cámaras de frío, bombas de aire a presión y filtros.
El efecto de la introducción de nuevas maquinarias y tecnología, queda en evidencia al observar la estadística de producción anual de la fábrica. En el año 1871 la producción ascendía a 700.000 litros. Hacia 1879 ésta ya alcanzaba los 1,5 millones de litros. En 1882, es decir después y durante las primeras ampliaciones y modernizaciones mencionadas anteriormente, la producción ascendió a 2,5 millones y en 1884 llegó a 3,8 millones de litros anuales. Hacia 1894 la producción anual de cerveza se situaba en torno a los 8 millones de litros. En el año 1900 la Cervecería, producía más de 12 millones de litros anuales, de los cuales una pequeña proporción se vendía en diversos países de Sudamérica, especialmente en Bolivia, y en las Oficinas Salitreras del Norte de nuestro país. Después de que la empresa dotara su casa matriz y sus agencias de venta y Depósitos en Valparaíso (1877 y otra representada por P. Nielsen & Co), Santiago (representada por Germán Odhaver) y Concepción de bodegas de almacenamiento más amplias, así como de fábricas de hielo y de máquinas de “llenado”, la producción en 1914 se situó en 25 millones de litros anuales de producción anual.
Medallas Anwandter
En este proceso constante de crecimiento en la elaboración de la cerveza desde sus inicios, conlleva una directa relación en la demanda y consumo de materias primas -de las cuales el lúpulo y la cebada eran dos de las más importantes. Mientras en 1889 el consumo de lúpulo alcanzaba los 30.000 Kg., en 1898 se situaba en 35.000 y en 1914 ascendía a 60.000 Kg. Hasta fines del siglo XIX esta materia prima tuvo que ser importada directamente desde Baviera, ya que los diversos intentos de los Anwandter de cultivarla en Valdivia fracasaron. Las importaciones de lúpulo -a comienzos de la década de 1890- equivalían al 30% del total importado por la industria en el país.
La cerveza valdiviana aferrada al orgullo local, gana prestigio y preferencias en el mercado interno de nuestro país. De la mano de los Anwandter, la identidad valdiviana será sinónimo de la Buena Cerveza, el mejor secreto guardado en las entrañas del bosque Siempreverde, la pureza, frescura, cristalina, muy blanda y calidad de sus vertientes naturales.
Chile, en 1900 contaba con 63 fábricas cerveceras aproximadamente, y en parte por las estrechas relaciones y prestigio ganado de los hermanos Anwandter, quienes sostenían acercamientos con la Sociedad de Fomento Fabril –SOFOFA-, los fabricantes nacionales de cerveza obtuvieron de las autoridades una rebaja en el arancel de importación del lúpulo. Esta reducción tarifaria del 5% que fue activamente promovida por la SOFOFA, entró en vigencia el 23 de diciembre de 1897.
No obstante lo anterior y debido al sostenido ascenso de la demanda por lúpulo, la industria cervecera, acelera su cultivo en campos de la zona central de Chile, cuyos suelos y clima eran más aptos y menos limitados que los del Sur. Sin embargo la agricultura local y los campos del centro del país, hacen un esfuerzo para aumentar las superficies plantadas del lúpulo y cebada. La función que desempeñaron los Anwandter en este proceso fue cabal, ya que su cervecería absorbía entre el 30 y 40% de toda la cebada que se consumía en Chile (1873, 4243 quintales métricos. 1884, 24000. 1898, 40000 y 1914, 80000). El gasto anual de cebada en la cervecería de los hermanos Anwandter evolucionó de tal manera, que el consumo trajo consigo el aumento de la demanda por la cebada de Valdivia con respecto al resto del país.
En 1883, la Cervecería Anwandter, dominaba el 50% del mercado nacional en el consumo de cerveza. Logra reducir la demanda del brebaje importado en Chile, que paulatinamente comenzó a ser sustituido por la cerveza chilena (La importación disminuyó lentamente entre los años 1883 y 1893 y fue acentuada desde 1894). La excelencia y alta calidad de la cerveza Anwandter, le permitió exportar a Bolivia, Perú, Panamá hasta los países de la costa Occidental de Sudamérica. Fue un competidor directo de las cervezas importadas de los orígenes más diversos, especialmente con la inglesa. De hecho, la calidad de la cerveza Anwandter fue reconocida en distintas exposiciones nacionales e internacionales, además hicieron frente a la competencia extranjera a través de la producción de distintos tipos de cerveza, tales como: Normal, Lager, Baviera, Pilsener y Negra.
La calidad de la cerveza valdiviana se consolida al obtener el Primer Premio en la Exposición de Agricultura de Santiago (1869) y Primer Lugar en la Exposición Internacional de Santiago (1875). Además de los trofeos y medallas en las Exposiciones internacionales de: Lima; Universidad de París (1889); de Buenos Aires (1892 y 1900); en Centro América (1897) y en la Panamericana de Buffalo (1901).
Hay que mencionar que varios emprendedores valdivianos –colonos alemanes o hijos de éstos- dan empuje al enriquecimiento del mercado cervecero local. Afines del Siglo XIX, en Valdivia existían varias fábricas de cervezas, entre las cuales sobresalen: Teodoro Eimbecke, Conrado Hafner, Gustavo Roepke & Hijos (todas absorbidas por la fábrica Anwandter. La última en 1903) y Federico Hettich.
Anwandter Bock
Para mantener la calidad de su producto y de asegurar el abastecimiento de la leña en el consumo energético de la fábrica, los Anwandter adquirieron en 1898 un fundo de 4.500 hás. en las cercanías de Valdivia (Fundo el Molino de propiedad de José Manuel Adriasola Martel, ubicado entre Estancilla y Cutipay al interior, colindando con el Río Cruces en su deslinde Oriental), este predio contaba con abundante reservas de agua con altos grados de pureza y de extensa superficie de bosque nativo. En la parte alta del Fundo el Molino, el Ingeniero Juan Antoine, fue el responsable de construir un embalse (costo de 1.000.000 pesos aproximadamente) con sus canales y aducción, desde donde el agua era transportada bajo el lecho del Río Cruces y de toda la Isla Teja, hasta la fábrica misma, a través de tuberías metálicas subterráneas (en 1891, La Cervecería Anwandter consumía 36.500 m³ de leña. En 1893, ascendía a 50.000 –equivalente al 20% del consumo de la ciudad- En 1890, la fábrica incorpora la energía eléctrica para mover las máquinas. Se instala una hidroturbina, con una capacidad de generación de 900 KW, a un costado de la fábrica en el río Valdivia, en Isla Teja).
En Julio de 1889 fallece Carlos Anwandter y sus hijos (Germán, Carlos, Ricardo y Otto y su yerno Teodoro Körner) asumen la dirección de la empresa. Como resultado de su gestión, hacia 1898 la fábrica exhibía edificios e instalaciones nuevas donde ya trabajaban alrededor de 300 operarios con moderna maquinaria. Hacia comienzos de los años 90 el trabajo estaba dividido en 4 turnos de 6 horas, lo que posibilitaba que la planta estuviera en funcionamiento permanente.
Para poder disponer de un mayor capital y financiar el aumento de la capacidad de producción de la cervecería, en 1905 la empresa fue transformada en una Sociedad Anónima Abierta (Sociedad Anónima Compañía Cervecera Valdivia: Ernesto Frese como Presidente del Directorio; Carlos Anwandter, Vicepresidente; Carlos Menke, Secretario, Ricardo Anwandter, Gerente, y Eric Anwandter –nieto- como Jefe de Producción), con un capital inicial de 3, 5 millones de pesos da Capital, que pronto fue elevado a cuatro millones.
Incendio Cerveceria Anwandter“Es el Gerente de la fábrica don Ricardo Körner y corre directamente con la producción don Eric Anwandter, nieto del fundador, lozano retoño de la vieja cepa, simpático e inteligente joven de sólo 26 años y ya a cargo de tan importante empresa. Tuvimos el agrado de encontrar a don Eric con su burdo traje de trabajo: tal cual comprendemos al industrial activo y progresista, despreocupado de su persona mientras dura la diaria labor, y sólo preocupado de la buena marcha del establecimiento y de los múltiples detalles que exige la complicada producción de la cerveza. El señor Anwandter, joven de fortuna, puede con orgullo decir, soy el primer obrero de la fábrica. Es don Eric una persona sumamente entendida en el ramo que dirige. En sus ansias de saber y para completar su instrucción en la materia, fuese en años pasados a Europa y no vaciló Él, joven de fortuna como hemos dicho, en ingresar como simple obrero a las más renombradas fábricas de cerveza del Viejo Mundo y a las escuelas especiales. Trabajó en ellas con ahínco durante dos años y medio, observó y estudió cuánto podía serle para el objeto que perseguía imponiéndose así personalmente de los más adelantados procedimientos de fabricación, y regresó instruido y satisfecho a Chile a dar considerable impulso al gran establecimiento de Valdivia, dirigido ya sucesivamente por tres generaciones de Anwandter. ¿No es realmente hermosa semejante no interrumpida tradición de trabajo, dentro de una misma familia, de padres a hijos, durante el espacio ya largo de medio siglo, y no es de sobra merecido que la fortuna haya cobijado siempre bajo sus alas protectoras esa fábrica, cuyos productos no sólo recorren todo el mercado nacional, sino que, desde hace tiempo han traspasado las fronteras de la República y Ilevado al extranjero el nombre de Chile?
Terminada, nuestra visita a las distintas secciones de la fábrica, nos invitó don Eric a beber una copa de su cerveza, Pilsener, que ya había sido y que continuó siendo, nuestra bebida favorita durante toda aquella temporada, sin otro límite que el de nuestra temperancia y el de la conveniencia de no beber el agua malsana que se consume en la ciudad. Es sin duda la, cerveza de esa marca la mejor de cuantas cervezas nacionales conocemos. Y es también en Valdivia la más popular.
¡Y cuán hermoso el sitio en que nos encontramos!. En la terraza del bello jardín que enfrenta las casas de la familia Anwandter, en medio de las flores, de los grandes árboles y de la vegetación exhuberante de aquella región, con el río inmediato allá abajo, el río de la tranquila y azulada superficie, que comunica al paisaje incomparable de Valdivia una nota transparente de alegría, ahí conversábamos con el joven y robusto descendiente de aquel viejo Anwandter, patriarca de Valdivia. de aquel patriota alemán, que, años atrás, y visitando también la fábrica, habíamos divisado, anónimo y venerable y ya retirado del trabajo, tras las vidrieras de una de las ventanas de la vieja casa de la familia por Él edificada, como si se le conservara como cosa preciada en un conservatorio, y nos complacíamos en recordar en esos momentos las hermosas palabras pronunciadas por el entonces joven Anwandter al pisar la tierra chilena, y que se nos habían quedado retenidas no sabemos si en la memoria o cerca del corazón: ‘Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere, unidos a las filas de nuestros nuevos compatriotas, defenderemos nuestro país adoptivo contra toda agresión extranjera con la decisión y firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia, y a sus intereses”(José A. Alonso, 1900).
En 1912 un incendio de grandes proporciones destruyó una parte importante de las instalaciones de la cervecería, lo que además implicó la paralización de la fábrica por un tiempo prolongado.
Los Anwandter realizan un enorme esfuerzo financiero para reconstruir la fábrica, es así como se levanta un enorme edificio en su tradicional ubicación en la Isla Teja: contaba con 3 cuerpos de edificio de estructura sólida, y con un equipamiento semejante al de las fábricas europeas de la época. Poseía 9 bodegas subterráneas que ocupaban un área de 5000 m² con capacidad de almacenar 6 millones de litros de cerveza valdiviana. Sólo la Maltería ocupaba un edificio de 5 pisos.
Aun cuando los Anwandter concentraron de inmediato toda su capacidad económica y de trabajo en la reconstrucción de la planta, el incendio fue casi letal y les hizo perder un importante terreno en el competitivo mercado cervecero de Chile. Así en 1916 (27 Febrero), la familia Anwandter decidió vender un paquete mayoritario de acciones a la poderosa Compañía Cervecerías Unidas de Santiago (surgida tras la fusión de la fábrica de Andrés Ebner de Santiago, 1872; Cervecería Gustavo Keller de Concepción, 1874; la Otto Schleyer de Talca, 1884; la fábrica de cerveza y hielo de Augusto Gubler & Cousiño, 1883; la fábrica de botellas de Carlos Cousiño de Lota; y la Fábrica Nacional de Cerveza de Limache, 1891, compuesta por la fusión de Plagemann & Cía de Valparaíso y Hoffmann & Ribbeck), que a lo largo de la última década había logrado constituirse, a través de la compra de cervecerías en todo el país, en el principal actor del mercado.
La Cervecería Anwandter, fue absorbida por la CCU (1916), desaparece para siempre. La CCU mantuvo las instalaciones y proceso productivo, sin dejar de potenciar y consolidar sus sucursales en el resto del país, hasta que el 22 de Mayo de 1960, es totalmente destruida y asolada por el mega Terremoto de Valdivia.
Las escuálidas instalaciones y ruinas dejadas por éste, son adquiridas en 1967 por laUniversidad Austral de Chile (45.654 m²). La Casa y hogar de Carlos Anwandter –construida por Él mismo en 1861. Es Monumento Nacional desde el 29 Octubre de 1981- hoy alberga elMuseo Histórico y Antropológico Maurice van de Maele. Las ruinas y bodegas de la vetusta Cervecería Anwandter, hoy nidifica y eclosiona desde su historia, el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia…la memoria de Valdivia, tiene vida propia como los susurros del lecho del río…presente, vigente y mimado por el legado intangible y eterno del sacrificio de nuestros antepasados.
CERVECERIA KUNSTMANN
Cerveza KunstmannCon el objetivo de recuperar la tradición cervecera de Valdivia desaparecida tras el Terremoto de 1960, don Armin Kunstmann, Ingeniero Civil Químico, está dispuesto a emprender este desafío en su garaje a un costado de Molinos Collico junto a su familia en Septiembre de 1991 (sociedad familiar compuesta por su esposa Patricia Ramos, su padre Roberto, y sus tíos Germán y Gerardo Kunstmann). Cerveza de elaboración artesanal según el Edicto de pureza ‘Reinheitsgebot’ de 1516, dictada por Guillermo IV de Baviera. Nace así, la Sociedad Cervecera Valdivia Ltda. (1995), aquí comienza la producción industrial de la Cerveza Kunstmann. La planta sale del tradicional Barrio Collico y se instala en el Sector Toro Bayo en 1997 (actual planta). El 22 de Mayo de 1998, se realiza la primera partida de cerveza exportada directamente a Alemania, se comienza a incursionar en Nueva York, Estados Unidos y Japón (2001). En el año 2001 la cerveza valdiviana alcanza el 0,5% del mercado chileno. El 10 de Mayo del 2002, la Cervecería Kunstmann se asocia con la CCU (adquiriendo el 50% de la propiedad), nace la Compañía Cervecera Kunstmann S.A. Actualmente, la Compañía abarca el 10% del mercado nacional de Cervezas Premium, y su participación total del mercado, corresponde al 1%. La Planta valdiviana elabora la totalidad de la cerveza en la ciudad y se exporta a México, Colombia, Corea del Sur y Argentina. A partir el verano del 2002 se realiza la Bierfest Kunstmann Valdivia en el Parque Saval como parte importante del Programa Verano en Valdivia (fines de Enero, con elección de reina, concursos de pintura, saltos ecuestres, desfile, fiesta y juegos, concursos y cervezas). Este verano 2011 se dispuso de 20.000 litros de cerveza y la anfitriona fue la Kunstmann Anwandter Bier.
CERVEZA KUNSTMANN
Fiesta de la Cerveza Kunstmann ANWANDTER ORIGINAL BOCK: Kunstmann Bock. Cerveza de color café oscuro. Elaborada con mezcla de malta tostada, malta caramelo, malta rubia y lúpulo, 5,3º alcohólico.
TOROBAYO PALE ALE: Kunstmann Torobayo Ale de 5º alcohólico. Tipo irlandesa de color ámbar, de malta rubia y malta caramelo, lúpulo, levadura cepa ale de alta fermentación.
Kunstmann Anwandter KUNSTMANN LAGER: Cerveza rubia de baja fermentación y 4º alcohólico de malta rubia, lúpulo, agua y levaduras de cepas tipo Lager. Características: Suavidad y aroma a lúpulo.
KUNSTMANN HONIG ALE: Cerveza Miel, de color ámbar y 4,8º alcohólico de malta rubia, malta caramelo, lúpulo, levadura Ale, miel y agua.
KUNSTMANN GRAN TOROBAYO: Cerveza de color ámbar rojizo y 7,5º alcohólico de malta rubia y malta especial caramelo, lúpulo importado del sur de Alemania, finas levaduras Ale de alta fermentación.
KUNSTMANN LAGER ALKOHOLFREI: Kunstmann Sin Alcohol. Cerveza rubia de 0,5º alcohólico. malta rubia, lúpulo, agua y levaduras de cepas tipo Lager de muy baja fermentación.
KUNSTMANN LAGER UNFILTRIERT: Kunstmann Lager Sin Filtrar. Cerveza de color rubio dorado y de reposo prolongado.
KUNSTMANN WEISSBIER: Kunstmann de Trigo Cerveza de color blanco pálido, sin filtrar y de mezcla de cebada, trigo malteado.
KUNSTMANN ANWANDTER: Cerveza de tipo Edel Lager de 5,8º alcohólico, de Marcado sabor a cebada y lúpulo y malta.
FUENTE: http://historiadevaldivia-chile.blogspot.com/2011/05/cerveza-valdiviana.html

En la isla Teja, a orillas del Rio Calle Calle Carlos Anwandter con sus propias manos y ayudado por sus hijos mayores construyó su hogar.
El día 13 de noviembre de 1850, el pequeño y frágil velero Hermann llegaba a la bahía de Corral. Larga y penosa había sido la travesía. Traía a bordo a un centenar de extranjeros que venían en busca de una hospitalaria playa alumbrada por el sol de la libertad.
Venían de la vieja Alemania, que en ese entonces no era lo que el mundo ha admirado. Aunque victoriosa y llena de glorias, no había logrado, sin embargo, estrechar a sus habitantes en un ambiente de unidad y concordia; por el contrario, se encontraba casi deshecha de luchas internas, sin encontrar el camino del progreso.
Las persecuciones políticas, el estancamiento económico, el caos y la misericordia hacían sufrir a sus habitantes. Y los elementos de más valer, los que confiaban en el provenir y luchaban por el advenimiento de mejores días, eran los más perseguidos.
Entre ellos nació la idea de abandonar a la patria, de buscar nuevos horizontes, y en romería acudían a los puertos para partir a ultramar. No eran miserables a quienes les faltara el pan; eran perseguidos y prisioneros que buscaban la libertad. No iban con las manos vacías. Llevaban sus haberes, sus instrumentos de trabajo y una sólida preparación adquirida en el estudio y en el luchar por el sustento.Tales fueron los que venían en el débil barquichuelo que en ese día llegaba a Corral.
Todos eran algo: había industriales, profesionales y artistas; todo un pequeño mundo intelectual y progresista. Un número de luchadores llenos de fé en la victoria. La comunidad de sufrimientos y esperanzas los había estrechado cada día más durante la larga travesía. Todo lo veían renacer bajo este sol. Siempre sobresale uno; siempre es alguien el que dirige y orienta. Así fue también en esa travesía.
Carlos Anwandter, el hombre lleno de vida, de inteligencia privilegiada y de grandes dotes de carácter, debía lógicamente sobresalir, sobreponerse, colocarse a la cabeza de sus compañeros. Había abandonado su patria cuando ya frisaba los cincuenta; pero parecía el más joven de todos. Había nacido el 1 de Abril de 1801 en Luckenwalde, a menos de dos jornadas de Berlín.
En su pueblo natal cursó las primeras letras, después pasó a continuar sus estudios al Liceo Joachimsthal de la capital. Preparado para la vida, ingresa al trabajo como aprendiz en una farmacia de Berlín, luego abandona su puesto para cumplir con el servicio militar; fue aspirante voluntario en el Cuerpo de Zapadores de la Guardia.
Una vez licenciado, empieza a correr tierras para conocer su patria. Recorre todo el norte del país trabajando en diversos lugares, en lo que había escogido como profesión. De vuelta a la capital ingresa a la Universidad para sellar sus conocimientos adquiridos en la práctica. En 1825, la Universidad de Berlín le otorga el diploma de farmacéutico de primera clase.
Cumplidas así sus primeras ambiciones, sienta plaza en Guben donde adquiere una botica. Sus intereses lo llevaron después de cuatro años a Calau. Ahí formó su hogar y empezó a desarrollar la verdadera vida a que estaba predestinado. Muy luego, el activo e inteligente boticario se dio a conocer a sus ciudadanos.
Todo un hombre de energía inquebrantable, de sólida preparación y clara visión del porvenir, de sanos ideales llenos de amor al progreso y a sus semejantes, fue le diputado que toda la región y el partido Demócrata de la Reforma llevó, en 1847, a la Dieta Prusiana.
La grave situación por la que atravesaba el país obligó al Gobierno a reunir al año siguiente a una Asamblea Constituyente que debía encausar la marcha del país. Ahí se mostró Carlos Anwandter, como un luchador de empuje, como el defensor infatigable de los derechos del oprimido y agobiado. Con toda el alma luchó por sus ideales.
Pero ese hombre no podía permanecer inactivo, no se podía, seguramente, resolver a una oscura vida de boticario de pueblo chico. Así, pensó en abandonar a su patria para buscar en otro ambiente más propicio el campo donde desarrollar su vida tal como se la soñaba.
En ese entonces circulaba una activa propaganda por la inmigración: Bernardo Philippi y F. Kindermann, que ya habían viajado por el mundo, orientaban sus pasos hacia Chile. Y después de reflexionar y medir cuidadosamente sus pasos, Anwandter fijó rumbo a su nueva patria. Venía con otros en el Hermann.
En Corral, a la vista del ansiado suelo de esperanzas, los inmigrantes tuvieron que sufrir penosa desilusión. Nada de lo esperado tenían a su alcance y todo se presentaba dudoso y lleno de dificultades. Fue entonces cuando se agruparon y se estrecharon alrededor de ese hombre que ya durante la travesía haía sido su cabeza. Y emprendieron la lucha para triunfar.
Carlos Anwandter fue elegido para entenderse con el representante del gobierno Chileno, don Vicente Pérez Rosales. Todas las gestiones tuvieron éxito y la nueva patria se les presentó como se la soñaron. Agradecidos juraron por boca de Anwandter su adhesión a Chile.
Con nuevos bríos, con el empuje de su raza, esos bravos luchadores de paz empezaron su obra. En la Isla Teja, a orillas del Calle-Calle. Carlos Anwandter con sus propias manos y ayudado por sus hijos mayores, construyó un hogar.
Cierto es que al antiguo zapador le fue más fácil que a otros, tenía dinero, herramientas, pero también es cierto que nunca negó su ayuda a nadie; con su esfuerzo y su idea, con préstamos sin intereses ni garantías, socorría a todos. Así cimentó su obra; así empezó a escribir la más bella página que puede ambicionar un hombre, llegó a refundirse con su propia obra.
El destino le preparaba duros golpes al nuevo hogar. En 1853 fallecía su primera esposa, a las cuatro semanas su única hija, en plena primavera.
Pero sin claudicaciones continuaba hacia adelante ese hombre excepcional que veía su felicidad en el sacrificio. En 1851, por satisfacer, tal vez, un capricho, preparó en su hogar unos litros de cerveza. Así nació lo que hoy día es una de las mayores industrias del país.
En 1853, abría puertas de una bien surtida farmacia. Así alentaba el progreso de la colonia. Si bien Anwandter, don Carlos, como ahora se le llamaba, era en todo el primero, sus conciudadanos no desmerecían en nada, por el contrario, todos contribuyeron, cual más cual menos, a la marcha progresista.
Un ambiente de estrecha unión y comunidad de ideales alentaba a todos. Así germinaron muchas obras que hoy día admiramos, sin indagar su origen, sin pensar en las dificultades de los primeros pasos. En 1853, nacía el Club Alemán, un hogar común para reunirse y deliberar.
En el mesón del probo Saelzer se ventilaban los intereses comunes. Ahí don Carlos era presidente. Un Club Musical de Canto, un cementerio laico, una biblioteca, una Compañía de Bomberos voluntarios, fueron los primeros frutos del trabajo de todos.
Pero don Carlos siempre sobresalía, era el que con más calor se sacrificaba por todo. Luego nació la idea de fundar una escuela, para educar a los hijos y difundir su cultura. A esta idea, difícil en extremo, por necesitar de grandes recursos, don Carlos dedicó sus mayores desvelos.
El triunfo debía coronar también este esfuerzo; en 1858, un colegio mixto abría sus puertas a la juventud. Es el mismo que hoy día mantiene el centro de la cultura en nuestro ambiente. En sus aulas recibimos la luz y en su antiguo patio bajo la frondosa encina admiramos a su fundador, sin comprender tal vez, todo su valer.
Más tarde hechos hombres, saludamos su obra, venerando su memoria. Así todo marchaba con rumbo seguro hacia el progreso, progreso que hoy día ha llegado a su cumbre y que debe ser el orgullo de todos.
Bien se ha cumplido el juramento; los nietos, todos chilenos, han mantenido la obra que con tanto sacrificio cimentaron los abuelos. Largos años debía convivir don Carlos con su obra: el anciano alcanzó a ver el triunfo que su clara visión había previsto.
El 10 de Julio de 1889, a los 88 años de edad entregó su cuerpo a la madre tierra. Valdivia lo lloró como a su hijo predilecto. En su sepelio, autoridades chilenas altamente colocadas pudieron decir de él:
«Inteligente, honrado, modesto, y laborioso, fue uno de los pocos que tienen por patria a todo el mundo y por familia a toda la humanidad, dedicándoles todo su esfuerzo. Un patriota de todo corazón, un intelectual, un industrial y un obrero se van con él». O bien:
» Dió un ejemplo de acividad y economía unidos a un profundo espíritu emprendedor, amor y progreso a sus semejantes».
Tal fue Anwandter. Su vida entera es un sacrificio inagotable en bien de sus conciudadanos. Nacido para dirigir y para gobernar, no se embriagó nunca en sus triunfos, siguió el camino recto y consecuente que debía seguir aunque se apartara de otros de visión más estrecha. Veneremos su memoria, saludemos en el jubilo de nuestras fiestas toda su grandeza.
El correo de Valdivia 12 de Diciembre de 1925 Homenaje a la Colonia Alemana en Chile.
Seremos Chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere. Unidos a las filas de nuestros nuevos compatriotas defenderemos nuestro país adoptivo contra toda agresión extranjera con la decisión y la firmeza del hombre que defiende a su patria, a su familia y a sus intereses.
- En primer lugar, Chile, después del año 1830, parecía una verdadera isla política en relación a los países vecinos.
- Bajo Portales Chile alcanzó una estabilidad envidiada por otras naciones que serviría como carta de presentación para las posteriores gestiones realizadas con el fin de colonizar el hostil paisaje del sur.
- De hecho, las características territoriales no pueden ser desconsideradas. La tierra ubicada al sur del Bío Bío había sido siempre una frontera entre un Chile que lentamente se afirmaba y otro que se presentaba indomable, ya sea por los indígenas que ahí habitaban o por la fiereza de una naturaleza que no se dejaba doblegar.
- Entre el río Tolten y la región de los canales Chile estaba dominado por una espesa vegetación selvática y habitado por huilliches. La relativa estabilidad del país, unido a lo inacabado del territorio (por lo tanto propicio a colonizarse), favorecieron una eventual inmigración europea.
- Sin embargo, Chile, tal como su territorio inconcluso, era también una sociedad en formación que presentaba radicales diferencias en su población. Por una parte, una aristocracia gobernante y un sistema de inquilinaje que lentamente menguaba su producción.
- Por otra, un peonaje que sufría con la falta de preocupación social existente a esta época. Este es otro factor importante en el constante deseo de grandes personalidades del Chile de mediados de siglo por colonizar el país con inmigrantes europeos. Así, decían ellos, se incorporarían elementos expertos y de espíritu renovador, que permitirían a Chile desarrollarse en un país anhelante de desarrollo. Todo esto, unido a la fragilidad de la política europea, y por supuesto, también la de Prusia, provocaron una concatenación de hechos que permitieron, gracias a emprendedores personajes tales como Vicente Pérez Rosales y Bernhard Eunom Philippi, la llegada de los inmigrantes alemanes que, con la ayuda del gobierno chileno y de algunos habitantes del lugar, comenzaron a poblar lentamente la región del sur de Chile antes tan temida e impenetrable.
- Carlos Anwandter, hombre lleno de vida, de inteligencia privilegiada y de grandes dotes de carácter, nació el 1 de Abril de 1801 en Luckenwalde.

Carlos Anwandter nació el 1 de Abril de 1801 en Luckenwalde.


















